sábado, 24 de septiembre de 2011

ECONOMIA, PERO CON CALIDAD DE VIDA.

Antes éramos independientes cuando formábamos parte de la cultura inca, del imperio maya o del imperio azteca, pero llegaron los conquistadores españoles y nos convertimos en sus colonias, desde esa fecha perdimos nuestra independencia económica y política. En pleno siglo XXI seguimos siendo colonias, pero ahora del imperialismo norteamericano, que ha cambiado de nombre por el de globalización. La estructura económica de nuestros países latinoamericanos es débil, desarticulada, contradictoria y dependiente, por más esfuerzos integratorios creando diversas instituciones, lo único que hemos conseguido es hacer crecer la burocracia internacional, porque al final de cuentas seguimos desunidos. Decimos dependientes porque todo está de acuerdo a los intereses de los Estados Unidos.

La burguesía, es decir el grupo poseedor de grandes capitales, ha manejado a su antojo cada país, ha demostrado incapacidad y nunca se ha preocupado por el progreso y el despegue económico, no le ha interesado su misión ni visión, no ha visto más allá de sus narices. La burguesía sólo se ha dedicado a la exportación de materias primas sin valor agregado, es decir, sólo se ha preocupado por el sector primario de la economía, que vende las riquezas naturales sin transformar al mejor postor internacional, no se dan cuenta que el cobre que vendemos, otros lo transforman en un artículo distinto y nos lo vuelve a vender, pero más caro.

El sector secundario, como sabemos, está conformado por la industria y la manufactura en general, no produce bienes de consumo final, no es desarrollada, es mínima, no transforma la materia prima, sólo se conforma en copiar la tecnología foránea, no hay ciencia ni tecnología nacional; al estado burgués no le interesa apoyar a la universidad que es la única entidad que puede hacer investigación, al contrario, la ahoga y la desprecia, porque es muy critica, la empresa brilla por su ausencia, no le interesa invertir en investigación.

El sector terciario o de servicios produce bienes intangibles como el comercio, por ejemplo. En este sector participa gran parte de la población económicamente activa (PEA), pero el comercio no es producción y producción es lo que es verdaderamente necesitamos. El pueblo forma parte de la economía informal y ante la falta de oportunidades tiene que usar su imaginación. El pueblo es emprendedor y se da autoempleo.

El sector cuaternario, de reciente creación como consecuencia de la sociedad de la información y que se ha desarrollado una barbaridad, está conformado por las telecomunicaciones y la informática, también calco y copia de los llamados "países desarrollados".

El caso de mi país, el Perú, es curioso, por decirlo en forma diplomática.  Poseedor de grandes cantidades de riquezas que la madre naturaleza le ha prodigado: mar, mineral, petróleo, clima, gas, flora, fauna, éstos no llegan a la población que no se beneficia en lo más mínimo, siendo gran parte pobre y en estado de hambruna. ¿Cómo es posible que teniendo un mar tan rico, el pescado sea de un precio prohibitivo para la mesa popular? ¿Tanto se gasta en el proceso de pesca? Aquí los gobernantes de turno se llenan la boca diciendo que estamos en cifras azules (nuevamente se preocupan por el aspecto macroeconómico y no en el microeconómico), que hay estabilización, que no hay inflación, que las exportaciones son cada día más altas, etc., etc. Lo único que falta es que digan que vivimos en el paraíso terrenal.  Simplemente no dicen la verdad, lo dicen a medias o dicen lo que les conviene. Claro, lo que les importa es que de afuera nos vean con buenos ojos para que ingresen las divisas (dólares o euros), para que lleguen "los inversionistas", es decir, las poderosas corporaciones que lo único que les interesa es el campo libre, exonerados de impuestos, mano de obra barata y sin molestos sindicatos. Una vez que obtienen sus utilidades (en millones), éstas son enviadas a su casa matriz.

Las exportaciones son altas, sí, pero son por la venta de nuestros minerales.  Las poderosas empresas mineras son las verdaderas ganadoras, no les interesa si malogran el medio ambiente (¿habrán escuchado algo del calentamiento global?), se enfrentan y derrotan a las comunidades, no dan seguridad a sus trabajadores, tampoco les interesa si son criticadas por las organizaciones no gubernamentales defensoras del medio ambiente (el estado no hace nada) o por la opinión pública, la verdad, es que todas ellas se merecen ser llamadas depredadoras.

La  desigualdad social es desesperante, sólo unos pocos son dueños de la riqueza mientras que la gran mayoría vive en extrema pobreza, el ingreso por habitante es uno de los más bajos del continente. No habrá calidad de vida y la globalización no será la solución mientras todo este estado de cosas sea igual.  Más desesperante es que ahora en estos tiempos de la "nueva economía" todo es metálico, sólo aquel que tenga dinero vale la pena, no importa cómo lo obtengas, el fin justifica los medios.  Todo tiene tarifa, todo tiene un precio, todo cuesta.  Es la lógica, la moral y la ética de "poderoso caballero es don dinero".  Si hay un crecimiento económico este debe favorecer el desarrollo humano en forma equitativa y sostenible, para disminuir las diferencias sociales.  ¿La economía y los economistas han demostrado incapacidad de solucionar los problemas? Si hasta Paul Samuelson ha dicho que los economistas nunca se ponen de acuerdo, entonces que podemos esperar. Que desgracia que la economía sea una ciencia social, si hubiese sido una ciencia exacta como la física o la química, muchos problemas ya se hubieran solucionado, aunque no se llega a comprender cómo es que todas las facultades de economía llevan en su plan de estudios tantos cursos de matemática (si hasta existe la carrera de ingeniería económica).  Se ha probado todo tipo de teorías e instrumentos económicos sin resultado alguno, si no me creen pregúntele al FMI. Había una teoría que pedía la destrucción de todo el sistema mediante la revolución, es decir, mediante la violencia, eso se quiso hacer en el Perú con el resultado que todos conocemos: miles de muertos, destrucción y más pobreza.


Por ahora nos gobierna la teoría ultra liberal: el mercado sigue siendo el rey, el tecnocráta sin sensibilidad social es el mejor gerente para una empresa, la corporación es el que verdaderamente gobierna al país, la clase política es una mera comparsa y los Estados Unidos al derrotar a la Unión Soviética hasta desaparecerla es la potencia número uno del mundo.  Desde mi modesto punto de vista, la solución a toda ésta desigualdad para mejorar la calidad de vida está en el cambio de actitud de todos nosotros.  Estudiemos y esforcémonos más todos los días.  Trabajemos y ganemos nuestro dinero en forma leal, pero no pensando que el dinero es todo en la vida.  Dejemos de lado el egoísmo y la vanidad.  No nos dejemos llevar por los cantos de sirena de la sociedad de consumo y su alienante publicidad, ésta se introduce por nuestros ojos, oídos y en nuestra mente, hace que compremos cosas que en verdad no necesitamos, es decir, la publicidad nos hace adquirir todos los bienes, pero con más énfasis en los llamados bienes terciarios o suntuarios: joyas, autos último modelo, abrigos de pieles, etc.  Seamos realistas, seamos críticos al sistema, adoptemos una posición científica para buscar la solución, manejemos con eficiencia nuestros limitados recursos para satisfacer nuestras necesidades.  Tal vez en un futuro cercano podamos formular una verdadera teoría económica que sea democrática, igualitaria, condescendiente con las personas, que la ciencia económica esté al servicio al hombre y no que el hombre esté al servicio de la ciencia económica.





 


martes, 5 de julio de 2011

¿ADMINISTRADORES ESPECIALISTAS?

Cuando era estudiante universitario, allá por los años 80, en el Programa Académico de Administración (PAA), luego Facultad de Ciencias Administrativas, egresábamos con el título de Licenciados en Administración, no había más. Administradores generalistas, no especialistas en finanzas o en marketing o en producción. Tengo en mis manos, en hojas ya amarillentas, el Currículum del Programa Académico de Administración, Promoción 1981-1985, que a la letra dice: "El egresado del PAA cumplirá los siguientes roles: Gerente, Empresario, Asesor, Consultor  o Educador-Investigador.  Por ello, la formación integral, enfatiza la capacidad para la toma de decisiones dentro de la organización; considerando a ésta como un sistema compuesto de sub-sistemas que interactúan dialécticamente con los factores y elementos de su entorno".  "...es un profesional comprometido con la cultura de su pueblo y de su época; es un científico social y un técnico al servicio de las transformaciones estructurales y del desarrollo económico-social de nuestro país".

Han pasado los años y ahora observo que muchos de los cursos que llevamos en las aulas ahora son prácticamente nuevas profesiones, por ejemplo:
-Logística Internacional.
-Gestión de Puertos y Aduanas.
-Administración de Servicios Turísticos.
-Marketing.

Hablemos brevemente de la división del trabajo.  Como todos ustedes saben trata de la especialización de las fuerzas laborales con el objetivo de alcanzar la eficiencia, crea actividades más simplificadas que pueden aprenderse con rapidez.  La profesión es una actividad especializada del trabajo dentro de la sociedad. Con la división del trabajo se busca alcanzar una mayor productividad.  Muy bien, pero tanta división divide al propio hombre, con una estrecha función y conocimiento lo convierte en una mera partícula del sistema. 

Sabemos que la Administración es una ciencia social, sin embargo ciertas universidades la han convertido en una ciencia exacta (?):
-Ingeniería Empresarial.
-Ingeniería Administrativa.

Pero lo que me llama la atención -y me preocupa-, son las siguientes carreras:
-Administración y Finanzas.
-Administración y Marketing.
-Administración y Agronegocios.
-Administración y Recursos Humanos.
-Contabilidad y Administración.
-Administración y Negocios Internacionales.
-Administración y Gerencia.
¿Cómo puede llamarse esta situación?, ¿Licenciados en Administración, especialista en xxxx?,  ¿dos profesiones en una?,  ¿hasta dónde van a seguir subdividiendo la Administración?,  ¿es realmente positivo, simplemente lo hacen por la moda de la globalización o por la división constante que sufre el factor trabajo? Desmembrar la Administración no hace sino que los egresados salgan como especialistas, con una visión parcial de la ciencia del Management.  Ustedes dirán que soy un romántico, un ingenuo, que no tengo justamente visión, que no me he dado cuenta que los tiempos cambian, que ya no es como antes, que ahora ser generalista es saber muy poco o no saber nada.  Por eso, quiero iniciar un debate, para que me digan si es bueno o es malo la formación de "egresados especialistas de una rama de la Administración".  Seguro que alguien me dirá ¿y la ingeniería?, puesto que existen las carreras de Ingeniería Civil, Ingeniería Industrial, Ingeniería de Sistemas, Ingeniería Textil, Ingeniería Económica, Ingeniería Electrónica, Ingeniería Mecánica, Ingeniería Mecatrónica, Ingeniería Naval, Ingeniería de Minas, Ingeniería de Petróleo, etc., etc. Me parece que la comparación no cabe, puesto que la Ingeniería trata con la transformación de los recursos naturales y la Administración trata con las organizaciones.

Sabemos que las empresas en la actualidad buscan cada vez con más desesperación la eficiencia y la eficacia, reduciendo los costos y aumentando las utilidades, peor aún con la globalización y la hipercompetitividad.  En voraces sociedades de consumo como las nuestras, donde el ambiente y la tecnología hacen que los productos y los servicios cambien de un día para otro, por obra y gracia de las grandes corporaciones, dirán entonces que sí, que está bien que las universidades formen este tipo de profesionales.  Total, el estudiante y/o egresado irá a laborar a la empresa. 

El fraccionamiento a que ha llegado la Administración, personalmente, una de las ciencias más completas que existen, no tiene sentido.  Aquí debe entrar la participación de un verdadero Colegio de Licenciados en Administración que alce su voz (no creo que lo haya hecho), se haga respetar y que aglutine todas las especialidades, como lo hace actualmente el Colegio de Ingenieros.  En todo caso, para aquellos que deseen especializarse, existen los posgrados o cursos de especialización.  Como me lo dijo un profesor: "la Administración es fácil de estudiar, pero difícil de aplicar", si ya sé que esta expresión no viene al caso, simplemente quería darlo a conocer a ustedes.

La situación actual de la Universidad no es de la mejor. Aparte que han aparecido como hongos, porque son un buen negocio y forman profesionales en serie, so pretexto de evitar la politización en los estudiantes han anulado muchos cursos de humanidades y otros, peor aún, han anulado las tesis para fines de titulación, basta con meros cursos de actualización, previo fuerte pago que engorda las arcas universitarias.  El graduado, ahora en la era del internet, no lee libros, menos tiene en mente poseer su biblioteca particular, no quiere saber nada de la realidad política o social, le aburre, lo único que desea es trabajar, ganar mucho dinero, comprar lo último de la moda y no investigar, no crear, sólo copiar.

Como van las cosas, una de las conclusiones a que se llega es que el profesional que necesitan las empresas, sobre todo las grandes corporaciones, debe contar con los siguientes requisitos:  tecnocráta, utilitario, robotizado, una pieza más del engranaje. ¿Es este el especialista que necesitan nuestros países latinoamericanos, con una visión estrecha de la Administración? Y voy más allá  ¿alejado de la realidad económico-social, sin valores o sensibilidad social? Por desgracia, las universidades se prestan para ello, nadie las controla, so pretexto de la autonomía, más bien son aliados de los gremios empresariales.

Como sugerencia y para que no digan que soy tan negativo, si continúa el actual estado de cosas, lo ideal es que debe combinarse la rigurosa especialización con amplios horizontes, con la posesión de conocimientos y habilidades polifacéticas, donde el individuo, es decir el trabajador, pase a ser una personalidad activa, valiosa y creadora, tanto en la empresa en que labora como para la sociedad en que vive.